Molestia qué es, cómo se siente y cómo gestionarlo
El ruido del vecino, un comentario fuera de lugar, alguien que te interrumpe. La molestia es la forma más suave del enfado: no llega a ira, pero avisa de que algo no nos gusta. Precisamente por su suavidad, a menudo la ignoramos, y es entonces cuando crece y se convierte en algo mayor.
Qué es la molestia
La molestia es un enfado leve o una incomodidad provocada por algo que perturba nuestro bienestar o nuestros planes. Es el primer peldaño de la familia del enfado, antes del Enojo y de la Ira.
Su baja intensidad la hace fácil de gestionar, pero también fácil de ignorar.
Cómo se siente
- Leve tensiónEn el gesto.
- SuspiroO resoplido.
- AtenciónPuesta en lo que molesta.
- Ganas de que pare.
Qué la provoca
- Ruidos y olores desagradables.
- Interrupciones.
- Comentarios inoportunos o indiscretos.
- Pequeñas faltas de respeto.
- Esperas innecesarias.
Una señal útil
La molestia es una señal temprana de que algo no encaja con nuestras necesidades o límites. Prestarle atención permite actuar cuando todavía es fácil: pedir que se baje el volumen, decir que un comentario no ha gustado. Si se ignora, las molestias se acumulan y pueden acabar en un estallido desproporcionado. Leonard Berkowitz mostró que el malestar acumulado aumenta la probabilidad de reaccionar con agresividad.
Cómo expresarla
- Reconócela en lugar de tragártela.
- Exprésala pronto y con tono amable.
- Sé concreto: «Me molesta el volumen de la música, ¿podrías bajarlo?».
- No supongas mala intención: a menudo el otro no se da cuenta.
- Relativiza lo que no merece la pena.
Tolerancia y límites
No toda molestia requiere acción. Convivir implica tolerar ciertas incomodidades ajenas, igual que otros toleran las nuestras. La clave está en distinguir entre lo que es una pequeña molestia pasajera y lo que es un patrón que traspasa nuestros límites. Lo primero se puede dejar pasar; lo segundo conviene hablarlo.
Molestias en el trabajo
En los espacios de trabajo compartidos, las pequeñas molestias son constantes: conversaciones en voz alta, olores, interrupciones, temperatura. Aunque cada una parezca menor, en conjunto afectan a la concentración y al ánimo. Acordar normas sencillas de convivencia, como zonas de silencio o pautas sobre el uso del teléfono, reduce mucho estas molestias y los conflictos que generan.
Plantearlas en grupo, como una mejora para todos, suele funcionar mejor que señalar a personas concretas.
Enseñar a expresar la molestia
Los niños aprenden a gestionar la molestia observando a los adultos. Mostrarles cómo decir «esto me molesta» sin gritar ni pegar les da una herramienta valiosa para toda la vida.
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Fuentes
- Berkowitz, L. (1989). Frustration-aggression hypothesis: Examination and reformulation. Psychological Bulletin, 106(1), 59-73. doi.org/10.1037/0033-2909.106.1.59
- Gross, J. J. (1998). The emerging field of emotion regulation: An integrative review. Review of General Psychology, 2(3), 271-299. doi.org/10.1037/1089-2680.2.3.271
Familia del enfado