Repugnancia qué es, cómo se siente y cómo gestionarlo
Un alimento en mal estado, una herida abierta, una conducta cruel. La repugnancia es la forma más intensa del asco: un rechazo visceral que nos empuja a apartarnos de inmediato. Es una emoción muy antigua que nos ha protegido de enfermedades y que, con el tiempo, se ha extendido también al terreno moral.
Qué es la repugnancia
La repugnancia es un asco intenso, un rechazo visceral hacia algo que se percibe como contaminante o degradante. Es una de las emociones básicas descritas por Paul Ekman y el núcleo de la familia del Asco.
Cómo se siente
- Nariz arrugadaY labio superior levantado.
- NáuseaO arcadas.
- RetiradaDel cuerpo.
- BajadaDel ritmo cardiaco en algunos casos.
Para qué sirve
Paul Rozin, Jonathan Haidt y Clark McCauley describieron la repugnancia como una emoción que empezó protegiéndonos de comer algo dañino. Valerie Curtis amplió esta idea: nos aleja de todo lo que puede transmitir enfermedades. Las cosas que más repugnancia producen en todas las culturas, como heces, vómito, sangre o carne podrida, son precisamente las más peligrosas desde el punto de vista sanitario.
Repugnancia moral
Con el tiempo, la repugnancia se extendió al terreno moral. Hanah Chapman y sus colaboradores encontraron que ante la injusticia se activa el mismo gesto facial que ante un mal sabor. Por eso decimos que una conducta cruel «da asco». Esta extensión es útil para rechazar el abuso, pero también puede usarse para deshumanizar a otros grupos.
Diferencias entre personas
La sensibilidad a la repugnancia varía mucho. Algunas personas sienten asco intenso ante estímulos que a otras apenas les afectan. Las investigaciones han relacionado una sensibilidad muy alta con ciertos miedos, como el miedo a la sangre o a la contaminación, y con algunos tipos de trastorno obsesivo-compulsivo.
La repugnancia en los niños
Los bebés no sienten repugnancia: se lo llevan todo a la boca. Rozin observó que el asco se desarrolla poco a poco y se aprende en buena parte observando a los adultos. Hacia los cuatro o cinco años, los niños ya muestran reacciones de asco muy parecidas a las de los mayores.
Cuándo se vuelve problema
Si la repugnancia lleva a evitar muchas situaciones, a lavarse de forma excesiva o a sentir un malestar intenso que limita la vida diaria, conviene consultar. La terapia cognitivo-conductual, con exposición gradual, ayuda a reducir el asco excesivo.
Cómo manejarla
- Aléjate del estímulo y respira.
- Lávate si has tocado algo sucio.
- Pregúntate si el asco responde a un riesgo real.
- Desconfía de la repugnancia dirigida a grupos de personas.
Sentimientos relacionados
Fuentes
- Ekman, P. (1992). An argument for basic emotions. Cognition and Emotion, 6(3-4), 169-200. doi.org/10.1080/02699939208411068
- Rozin, P., Haidt, J. y McCauley, C. R. (2008). Disgust. En M. Lewis, J. M. Haviland-Jones y L. F. Barrett (Eds.), Handbook of Emotions (3.ª ed., pp. 757-776). Guilford Press.
- Curtis, V., de Barra, M. y Aunger, R. (2011). Disgust as an adaptive system for disease avoidance behaviour. Philosophical Transactions of the Royal Society B, 366(1563), 389-401. doi.org/10.1098/rstb.2010.0117
- Chapman, H. A., Kim, D. A., Susskind, J. M. y Anderson, A. K. (2009). In bad taste: Evidence for the oral origins of moral disgust. Science, 323(5918), 1222-1226. doi.org/10.1126/science.1165565
- Olatunji, B. O. y Sawchuk, C. N. (2005). Disgust: Characteristic features, social manifestations, and clinical implications. Journal of Social and Clinical Psychology, 24(7), 932-962. doi.org/10.1521/jscp.2005.24.7.932
Familia del asco