Desconsideración qué es, cómo se siente y cómo gestionarlo
Llegar siempre tarde sin avisar, hablar a gritos por teléfono en el tren, no preguntar antes de decidir algo que nos afecta. La desconsideración es la falta de atención hacia los demás, y el enfado que provoca en quien la sufre. Suele ser pequeña en cada gesto, pero se acumula y desgasta la convivencia.
Qué es la desconsideración
La desconsideración es la falta de atención o respeto hacia las necesidades, sentimientos o derechos de los demás. Como sentimiento, es el enfado o malestar que provoca en quien la recibe.
No siempre es intencionada: a menudo nace del descuido, la prisa o la falta de empatía, más que del deseo de molestar.
Cómo se siente
- MolestiaQue puede crecer.
- Sensación de no importar.
- IndignaciónAnte la falta de respeto.
- Ganas de reclamarO de alejarse.
- ResentimientoSi se repite.
Qué la provoca
- Impuntualidad sin aviso.
- Decisiones que nos afectan sin consultarnos.
- Ruido o molestias en espacios compartidos.
- No responder mensajes importantes.
- Olvidos repetidos de compromisos.
- Interrumpir o no escuchar.
Por qué molesta tanto
La desconsideración toca nuestra necesidad de ser tenidos en cuenta. Mark Leary explicó que la autoestima funciona como un indicador de cuánto nos valoran los demás; cada gesto de desconsideración envía la señal de que no importamos. Además, la investigación sobre justicia en las relaciones muestra que las personas toleran mal la sensación de que el esfuerzo y la atención no son recíprocos.
Cómo pedir respeto
- No supongas mala intención de entrada: puede ser descuido.
- Habla en primera persona: «Me molesta cuando llegas tarde sin avisar».
- Sé concreto sobre lo que necesitas.
- Plantéalo pronto, antes de que se acumule.
- Pon límites si el patrón no cambia.
- Revisa también tu conducta: todos somos desconsiderados a veces.
Cultivar la consideración
La consideración se basa en la capacidad de ponerse en el lugar del otro. Jean Decety ha estudiado cómo la empatía combina sentir con el otro y comprender su perspectiva. Pequeños hábitos, como preguntar antes de decidir, avisar de un retraso o bajar la voz en espacios compartidos, hacen la convivencia mucho más fácil.
En los espacios compartidos
Buena parte de la desconsideración cotidiana ocurre en espacios compartidos: transporte público, comunidades de vecinos, oficinas abiertas. Hablar alto por teléfono, ocupar más sitio del necesario o dejar suciedad son gestos pequeños que, sumados, generan mucho malestar. Las normas de convivencia ayudan, pero sobre todo funciona la conciencia de que el espacio es de todos.
Cuando se plantea una queja, hacerlo con amabilidad y sin dar por hecho la mala intención suele obtener mejor respuesta que el reproche directo.
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Fuentes
- Leary, M. R. y Baumeister, R. F. (2000). The nature and function of self-esteem: Sociometer theory. Advances in Experimental Social Psychology, 32, 1-62. doi.org/10.1016/S0065-2601(00)80003-9
- Decety, J. y Jackson, P. L. (2004). The functional architecture of human empathy. Behavioral and Cognitive Neuroscience Reviews, 3(2), 71-100. doi.org/10.1177/1534582304267187
- Gottman, J. M. (1994). What Predicts Divorce? The Relationship Between Marital Processes and Marital Outcomes. Lawrence Erlbaum.
Familia del enfado