Ego
«Tiene mucho ego» decimos de alguien que se cree el centro del mundo. Pero la palabra tiene un origen técnico en el psicoanálisis, donde significa algo bastante distinto.
El ego según Freud
En su obra El yo y el ello, Sigmund Freud propuso que la mente tiene tres instancias: el ello, que contiene los impulsos y deseos; el superyó, que recoge las normas y la conciencia moral; y el yo, o ego en su traducción latina, que media entre los deseos, las normas y la realidad (Freud, 1923). Para Freud, el ego se encarga de la percepción, la memoria, el pensamiento y los mecanismos de defensa que nos protegen de la angustia.
El ego en el lenguaje actual
En el uso cotidiano, «ego» se ha convertido en sinónimo de vanidad o de una autoestima inflada. «Tener mucho ego» significa sentirse superior o necesitar mucho reconocimiento. Esta acepción se acerca más a lo que la psicología llama narcisismo o egocentrismo que al ego freudiano.
Lo que dice la psicología actual
La psicología científica actual apenas usa el término ego. Prefiere hablar de autoconcepto, autoestima o identidad, conceptos que se pueden medir y estudiar. Aun así, algunas ideas que nacieron en torno al ego, como los mecanismos de defensa, siguen siendo útiles y se han investigado: George Vaillant estudió durante décadas cómo las defensas más maduras, como el humor o la sublimación, se asocian a una mejor adaptación (Vaillant, 1977).
Fuentes
- Freud, S. (1923). Das Ich und das Es [El yo y el ello]. Internationaler Psychoanalytischer Verlag.
- Vaillant, G. E. (1977). Adaptation to Life. Little, Brown.