Mecanismos de defensa
Reírse de algo que duele, culpar a otro de un error propio, olvidar un recuerdo doloroso. Todos usamos estrategias para protegernos del malestar, muchas veces sin darnos cuenta. El psicoanálisis las llamó mecanismos de defensa.
Qué son
Los mecanismos de defensa son procesos psicológicos, a menudo automáticos o inconscientes, que reducen la ansiedad ante conflictos internos o situaciones amenazantes. Sigmund Freud los describió y su hija Anna Freud los sistematizó. Aunque nacieron en el psicoanálisis, hoy los estudia también la psicología empírica, y el DSM-IV llegó a incluir una escala de funcionamiento defensivo.
De inmaduros a maduros
George Vaillant siguió durante décadas a un grupo de hombres en el estudio de Harvard sobre el desarrollo adulto y clasificó las defensas según su madurez (Vaillant, 1977):
- Inmaduras: proyección (atribuir a otros lo propio), negación, conducta impulsiva.
- Neuróticas: represión, desplazamiento (descargar en otro objetivo), racionalización.
- Maduras: humor, sublimación (canalizar impulsos en actividades valiosas), altruismo, anticipación.
Encontró que el uso de defensas maduras se asociaba a mejor salud, relaciones más satisfactorias y más éxito vital.
Útiles con medida
Las defensas no son malas en sí: nos permiten seguir funcionando ante el dolor. El problema aparece cuando son rígidas, distorsionan mucho la realidad o impiden afrontar los problemas. La negación puede ayudar en los primeros momentos de una mala noticia, pero si se mantiene impide actuar.
Reconocerlas
Darse cuenta de las propias defensas, por ejemplo de que nos enfadamos con alguien por algo que en realidad nos preocupa de nosotros mismos, ayuda a entendernos mejor. La psicoterapia es un buen espacio para explorarlas con calma.
Fuentes
- Freud, S. (1923). Das Ich und das Es [El yo y el ello]. Internationaler Psychoanalytischer Verlag.
- Vaillant, G. E. (1977). Adaptation to Life. Little, Brown.