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Familia del miedo

Vigilancia qué es, cómo se siente y cómo gestionarlo

Mirar por encima del hombro al caminar de noche, estar atento al tono de voz de alguien que puede enfadarse, revisar cada detalle por si algo falla. La vigilancia es una forma del miedo que nos mantiene alerta. Es útil ante peligros reales, pero cuando se vuelve constante, agota y empobrece la vida.

Redacción de Sentimientos.es Actualizado el 3 min de lectura

Qué es la vigilancia

La vigilancia, como estado emocional, es una atención sostenida a posibles amenazas. Implica estar alerta, escanear el entorno y prepararse para reaccionar.

Cuando es excesiva y constante, se habla de hipervigilancia, un síntoma frecuente en los trastornos de ansiedad y en el estrés postraumático.

Cómo se manifiesta

  • Escanear el entornoBuscar señales de peligro.
  • SobresaltosFáciles.
  • Dificultad para relajarse.
  • Sueño ligero.
  • Atención a pequeños cambiosEn el tono o los gestos de otros.

Cuándo protege

Arne Öhman mostró que estamos preparados para detectar con rapidez las amenazas, como serpientes o caras enfadadas, incluso antes de ser conscientes de ellas. La vigilancia es la expresión de ese sistema: nos protege en entornos peligrosos y permite anticipar problemas.

Diferencias con sentimientos parecidos

Vigilancia no es lo mismo que Suspicacia

La suspicacia interpreta las intenciones ajenas; la vigilancia, atiende a cualquier amenaza.

Vigilancia no es lo mismo que Preocupación

La preocupación son pensamientos sobre el futuro; la vigilancia, atención al entorno presente.

Vigilancia no es lo mismo que Ansiedad

La vigilancia es uno de los componentes de la ansiedad.

Cuando se vuelve hipervigilancia

Tras experiencias traumáticas o en relaciones imprevisibles, como convivir con alguien violento, el sistema de vigilancia puede quedarse activado de forma permanente. La persona sigue alerta aunque el peligro haya pasado. Judith Herman describió la hipervigilancia como una de las huellas más comunes del trauma.

Esta alerta constante agota, dificulta el sueño y la concentración y puede hacer que se perciban amenazas donde no las hay.

Cómo bajar la guardia

  1. Comprueba si el peligro es actual o pertenece al pasado.
  2. Busca entornos seguros donde practicar la relajación.
  3. Usa la respiración lenta para indicar al cuerpo que puede calmarse.
  4. Practica la atención plena centrada en sensaciones agradables.
  5. Reduce estímulos alarmantes.
  6. Busca apoyo si la vigilancia nace de una experiencia traumática.

Vigilancia aprendida en la infancia

Los niños que crecen en hogares imprevisibles, con adultos que pueden reaccionar con violencia o cambios bruscos, aprenden a estar muy atentos a las señales de peligro: un tono de voz, un gesto, un ruido. Esta vigilancia les protege en ese entorno, pero puede mantenerse en la vida adulta, en relaciones donde ya no es necesaria.

Reconocer este origen ayuda a entender por qué cuesta tanto bajar la guardia, y a trabajar poco a poco para hacerlo.

Cuándo pedir ayuda

Si vives en alerta constante, con sobresaltos, insomnio y dificultad para relajarte, sobre todo después de un suceso traumático, consulta con un profesional. Si vives una situación de violencia, el 016 atiende las 24 horas.

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Fuentes

  1. Öhman, A. y Mineka, S. (2001). Fears, phobias, and preparedness: Toward an evolved module of fear and fear learning. Psychological Review, 108(3), 483-522. doi.org/10.1037/0033-295X.108.3.483
  2. Herman, J. L. (2004). Trauma y recuperación. Espasa. (Obra original publicada en 1992).
  3. Kabat-Zinn, J. (2003). Vivir con plenitud las crisis. Kairós. (Obra original publicada en 1990).

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