Execración qué es, cómo se siente y cómo gestionarlo
Ante un crimen atroz, una crueldad gratuita o una traición imperdonable, surge una reacción de condena total: no solo desaprobamos, sino que queremos que quede claro que aquello es inaceptable. La execración es esa condena extrema, una mezcla de asco moral, indignación y deseo de apartar de nosotros lo abominable.
Qué es la execración
La execración es la condena más rotunda hacia algo o alguien que se considera abominable. La palabra procede del latín exsecratio, que designaba la maldición solemne. Hoy se usa para expresar un rechazo moral absoluto.
Combina el asco moral con la indignación y el deseo de Repudio.
Cómo se siente
- Asco intensoCon gesto de rechazo.
- IndignaciónY calor.
- DeseoDe condenar públicamente.
- DistanciaTotal con lo condenado.
El asco moral
Jonathan Haidt describió cómo el asco se extiende del ámbito físico al moral: ciertas conductas nos resultan repugnantes en el mismo sentido que un alimento podrido. Paul Rozin propuso que el asco moral protege la pureza de la comunidad frente a lo que se percibe como degradante. La execración es su expresión más fuerte: lo condenado se vive como algo que contamina.
Para qué sirve
La condena colectiva de lo abominable cumple una función social: marca los límites de lo aceptable y refuerza las normas que protegen a los más vulnerables. Émile Durkheim señaló que la reacción común ante el crimen une a la comunidad en torno a sus valores. La execración de la tortura, el abuso de menores o el genocidio expresa un consenso moral importante.
Cuándo se vuelve peligrosa
La execración también puede dirigirse contra personas o grupos de forma injusta. A lo largo de la historia, muchos grupos han sido execrados por su origen, su religión o su orientación sexual. Lasana Harris y Susan Fiske encontraron que ante los grupos más estigmatizados se reduce la percepción de su humanidad. Cuando la execración se dirige a personas en lugar de actos, puede abrir la puerta a la deshumanización y la violencia.
Condenar actos, no personas
Una forma de conservar la función protectora de la condena sin caer en la deshumanización es distinguir entre los actos y las personas. Se puede execrar un crimen y, al mismo tiempo, defender que quien lo cometió tiene derecho a un juicio justo. Esta distinción está en la base de los sistemas de justicia democráticos.
Cómo gestionarla
- Reconoce la emoción y lo que la provoca.
- Distingue entre el acto y la persona.
- Canaliza la indignación hacia acciones constructivas.
- Desconfía de la execración dirigida a grupos enteros.
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Fuentes
- Haidt, J. (2003). The moral emotions. En R. J. Davidson, K. R. Scherer y H. H. Goldsmith (Eds.), Handbook of Affective Sciences (pp. 852-870). Oxford University Press.
- Rozin, P., Lowery, L., Imada, S. y Haidt, J. (1999). The CAD triad hypothesis: A mapping between three moral emotions (contempt, anger, disgust) and three moral codes (community, autonomy, divinity). Journal of Personality and Social Psychology, 76(4), 574-586. doi.org/10.1037/0022-3514.76.4.574
- Durkheim, É. (1912). Les formes élémentaires de la vie religieuse. Alcan.
- Harris, L. T. y Fiske, S. T. (2006). Dehumanizing the lowest of the low: Neuroimaging responses to extreme out-groups. Psychological Science, 17(10), 847-853. doi.org/10.1111/j.1467-9280.2006.01793.x
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